Crónica a la exposición “Tabula coeli” de Hilario Bravo en el rincón del arte del Hotel Ágora

Hilario Bravo no es un artista al uso. Es un filósofo que expone sus sentimientos en un lienzo y nos lo devuelve impregnado con las fuerzas del cosmos.

Sus obras se definen como finas conversaciones entre el lenguaje de la poesía y la imaginación más colorida que nos regala el orbe.

La colección que hoy nos presenta, “Tabula Coeli”, es un conjunto de obras de arte rodeadas de luminosidad, que forman parte de un cuaderno de bitácora, “Cronología de un vacío”, que el autor lleva escribiendo desde hace algún tiempo.

Hilario es un artista de mucho recorrido y variados registros. Nos relata la leyenda del espacio infinito, mostrándonos un firmamento lleno de formas semiesféricas que nos representan los misterios de las estrellas escondidas, creando con su luz la fusión nuclear. Es una exposición de formas y conceptos naturales que se mezclan en el equilibrio del color, como si la paradoja de Olbers nos devolviera la ilusión de poseer un universo estático e infinito repleto de luminiscencia y carente de regiones oscuras. Esas mismas que le influyen para crear una bóveda prístina impregnada en arte.

Hilario Bravo nos acerca a la visión de este plasma incierto e imprevisible en su continuo descubrimiento de las intenciones humanas y en la inquietud diversa de solucionar el campo gravitatorio que formulan sus preguntas sin respuestas.

Es un regalo a la paz interior, no exenta de ciertos simbolismos al lado oscuro y la reflexión. O a la nada más absoluta. Esa nada que, en verdad, se traduce en un todo de lo más enriquecedor.

Los planos superpuestos en varias capas, como en la propia vida, son el origen del estadio superior que baja por la psique de colores cálidos, como un perfecto anochecer otoñal. De ahí que, en su búsqueda alternativa por encontrar las réplicas a sus inquietudes, se adentre, aunque sea con un pesimismo ávido de belleza, en las más variopintas de las escenas celestes.

Fuego, sombra y color. Materia, formas y comprensión de esas táuridas que nos invaden de vez en cuando y nos conducen, de la mano de este artista tan ecléctico, a observar el cielo nocturno con una visión interiorista de lo que significa el pensamiento filosófico del arte y de la vida.

Cora Ibáñez

 



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