Crónica sobre la exposición de Matilde Granado Belvís en el Hotel Ágora

“Paisajes” Exposición de pintura en el espacioÁGORA, Rincón del Arte, del Hotel Exe Ágora. Calle Parras, 25

Me adentro en los “Paisajes” de Matilde Granado Belvis para sumergirme, sin querer, en su mundo interior.

Un universo grandilocuente de pequeñas formas se sucede a modo de segundos intensos que representan momentos de su vida. Ratos vividos en el día a día y que florecen como si tal cosa, a través de sus dedos, traspasando el corazón, vertiéndose sin más por entre los instrumentos del arte y descansando definitivamente sobre el blanco inmaculado de un papel como manchas de trozos inquietos de la tarde pasada.

Matilde mezcla esas sensaciones con acrílicos, ceras, lápices, rotuladores… sobre la superficie lisa, dando forma a esa música interna que todos llevamos dentro, pero que ella pasea de puntillas por las sensaciones que la imaginación expone a su mirada cargada de elocuentes ráfagas, para descansar la mente, una vez que lo plasma en su obra.

Y el blanco otra vez, como fondo de su vida, protagonizando los espacios vacíos del silencio.

Rodea los colores puros y los va uniendo en una amalgama que su trazo transforma y  traduce en paisaje, en naturaleza viva que plasma, con recortes de ideas a modo de collages, sus pasos, sembrando sombras y colores: rosas, rojos, verdes y azules, en todas sus gamas y tonalidades, uniendo a ello las letras de relatos cortos que comulgan como frases que quedaron volando en el aire, escuchadas o leídas en ese universo de voces silenciosas y luego dibujadas entre las formas metódicas y disciplinadas a priori de un pensamiento, para descansar poco a poco, entresacando los ramalazos de los momentos sentidos a lo largo del día, dejando huella en la piel de su mente.

Sentimientos cálidos y fríos que se buscan, besándose delicadamente en forma de mandalas y recursos de vivencias aprendidas. Todo su universo se refleja en una única búsqueda: el final positivo, el descanso definitivo, la felicidad de la terapia cuando llega al fondo de un cansancio diario, sin fin…

Y de nuevo ese blanco, que juega con la sonrisa infantil de la tarde, conjugando los sueños y anhelos en un solo objetivo, ese para lo cual ha nacido: convertirse en una obra de arte.

Cora Ibáñez

Escritora



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